Francisco Farreras nace en Barcelona el 7 de Septiembre de 1927. Tras la guerra civil, en 1940 se trasladó con su familia a Murcia, donde comenzó su formación pictórica bajo la tutela de Antonio Gómez Cano; más tarde continuó aprendiendo en Santa Cruz de Tenerife con Mariano Cossío. En 1944 se instaló en Madrid e ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Amplió su preparación en 1949 con un curso de pintura mural impartido por Ramón Stolz.
En sus primeras etapas abordó temas variados, como paisajes urbanos y bodegones. Aunque figurativa, su obra inicial revelaba una marcada inclinación geométrica, vinculada a ciertos planteamientos de raíz cubista. En 1952 viajó a París; ese mismo año fue seleccionado para la I Bienal Hispanoamericana de Arte en Madrid y celebró su primera exposición individual en la Galería Biosca, donde entró en contacto con artistas informalistas que posteriormente integrarían el grupo El Paso.
En 1954 obtuvo una beca del Instituto Francés que le permitió regresar a París, donde residió en el Colegio de España. Durante este período su pintura inició un proceso de simplificación formal y reducción cromática, limitando progresivamente su paleta a negros, blancos y grises. De vuelta en España realizó importantes encargos de gran formato para iglesias e instituciones oficiales, colaborando con Miguel Fisac y José Luis Sánchez. Paralelamente, su pintura evolucionó hacia una abstracción plena a partir de 1955, etapa que presentó en una nueva exposición en Biosca y en el I Salón de Arte Abstracto del Instituto Iberoamericano de Valencia.
En 1958 participó en la XXIX Bienal de Venecia, donde la representación española obtuvo un destacado reconocimiento internacional. Su trabajo adquirió entonces mayor densidad matérico, gracias al empleo de arenas y polvo de mármol. En este proceso experimental descubrió las posibilidades expresivas del papel de seda, lo que marcó el inicio de una nueva fase creativa. Desarrolló así una técnica de collage que combinaba la carga material con efectos de veladuras y transparencias derivados del diálogo entre el soporte y el papel.
Durante esos años formó parte de exposiciones itinerantes organizadas por el Departamento de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores a lo largo de Europa y América. En 1963 se estableció en Nueva York, donde permaneció dos años como director artístico de los montajes expositivos del Spanish Trade Center. Regresó a Madrid en 1966, aunque continuó viajando con frecuencia por Europa y Sudamérica.
A finales de la década de 1960 su paleta comenzó a aclararse y reintrodujo elementos figurativos en sus composiciones, con una clara intención expresiva, incorporando fragmentos de carteles y otros papeles impresos. En los años setenta amplió notablemente el formato de sus obras, tendencia que culminó en el gran mural-collage realizado en 1982 para el aeropuerto madrileño de Barajas.
Tras este proyecto, empezó a abandonar la superficie plana para adentrarse en propuestas de mayor volumen, dando lugar a los coudrages: estructuras de contrachapado rellenas de gomaespuma y recubiertas con tela cosida, paso previo a sus primeros relieves en madera. A partir de 1988 centró fundamentalmente su producción en esta técnica y soporte, realizando numerosos encargos públicos de gran formato. Esta actividad se complementó con su presencia habitual en ferias internacionales como las de Chicago, Colonia y Frankfurt.
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